Mostrando entradas con la etiqueta Mr Brown. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mr Brown. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de septiembre de 2007

La búsqueda



Por mucho tiempo la he perseguido, por algún tiempo sentí que era un sueño, que vivía en un paraíso onírico de esos que son como algodón de azúcar, con un tiempo en donde el reloj no avanza, las nubes están como pintadas en óleo, la luz es inamovible y el viento serpentea ante nuestros ojos

A veces la he imaginado, y en esos instantes me parece que tiene polvo de luna, que como todos sabemos, el polvo de luna es algo dulce, algo tierno, por muy enérgico que seas terminas encantado y agradecido. Es aquí cuando quieres de acercarte más, pero como toda dama, es coqueta, oculta lo más interesante de ella, se aleja y te sonríe, te dice: más, tienes que esforzarte un poco más.

Claro, es más fácil intuirla en las noches, tal vez acariciando mi sombra, quizás rociando polen de estrella en mi camino. A veces me ha parecido adivinar que se esconde en las estrellas, en esas pequeñas espuela de luz que marcan el cielo. No hay tiempo, no hay límite, y sin embargo está frente a mí. Trato de seducirla, de seducirla, de mostrarle lo que vive en mi frente, en mi corazón, en el pecho ardiente, tratando de describirla, es más lo que la imagino que lo cierto que sé de ella.

Recuerdo que de joven la encontraba más seguido, se topaba en un balcón, en el cabello negro de una mujer, en los sueños de amor que anidaban mis ojos, en el tallo de una flor, en el verso que no conoció la luz del día siguiente, en el aliento cálido de ese primer beso y que supuse así era el secreto anhelado.

Sí, por años he perseguido ideas, esa dama caprichosa que se empeña en jugar conmigo, que cada vez se aleja más, y que me conforta diciendo: cada vez estás más cerca. Debe ser una idea de amor, una idea de pasión, una idea de esas que de tanto que duran en la mente se hacen tan reales como la un rayo de luz o una gota de lluvia dentro de una flor.

Esas ideas me recorren continuamente el pecho, la frente, juegan en mis oídos, me susurran con delicadeza: busca más, cada vez me conoces más. Es un juego, pero es un juego divertido, ameno, no hay medidas, no hay peso, todo es levedad, todo es emoción, las palabras resultan huecas, más muertas que de costumbre, la idea me reinventa, me incita, me anima a cada día, cuando alguien se obstina en decir: las ideas no son buenas si no son productivas.

Seguiré a la caza de esa idea, la que por años se ha dejado galantear, que a veces parece que está en mis brazos, y que por momentos se oculta en lo más cálido de un sexo femenino dispuesto a compartir la idea de amor que cree conocer.
Sietesoles