miércoles, 26 de septiembre de 2007

¡Salud, por la alegría!

No existe vida
que, aun por un instante,
no sea inmortal.
La muerte
siempre llega con ese instante de retraso.
En vano golpea con la aldaba
en la puerta invisible.
Lo ya vivido
no se lo puede llevar.

SZYMBORSKA

Juan Villoro en la UNITEC



El día de ayer visitó el campus de la UNITEC Cuitláhuac el escritor mexicano, Juan Villoro, como parte del nuevo programa de literatura de Canal 22, Entre líneas, que transmite todos los lunes a las 9 de la noche.


Los jóvenes de la carrera de comunicación tuvieron la oportunidad de hacerle varias preguntas en torno a su obra y oficio de escritor; mismas que el escritor contestó muy gusto.


Los profesores de la carrera también participamos muy gustosos del evento. Hay que mencionar que platicar con un escritor siempre es una oportunidad de compartir su particular visión con los alumnos. Esperemos que no sea esta la primera y única ocasión que se organicé un evento de esta índole, en bien de la UNITEC, pero sobre todo de sus alumnos, que al finalizar el evento estaban muy contentos, con sus libros autografiados.

martes, 25 de septiembre de 2007

A la espera de la sombra II

Pese a que la luz se ha extinguido, la sombra no se mueve con soltura, es más, permanece quieta ante Paula, ella se da cuenta que en el juego de misteriosos hechos la luna ha quedado descubierta por la nubes y por el ventanal entra placidamente a sus anchas los diferentes rayos que desean ser parte de la escena.

La sombra se acerca un poco más a Paula, se inclina un poco y empieza a oler a Paula, pero no de una manera ofensiva, es más bien como un contacto con la esencia, ahora en lugar de ser una sombra pareciera un fantasma que recuerda tiempos en los que tenía un cuerpo que bañar, perfumar, atender. Parece un acto de nostalgia.

Paula empieza a sentirse rara, no incómoda, a diferencia de la sombra que parece recordar algo, ella empieza a conocer nuevas emociones. Esto es agradable, no sabe qué es, no entiende como se dio, pero es una realidad que su pecho empieza a resultar insuficiente para recibir todo el aire que de pronto parece necesitar.

La sombra sigue oliendo su cabello, y también acerca lo que sería su rostro al de ella, Paula parece que cada vez se ahoga más, pero no se mueve del lugar en el que está, la ciencia algún día reconocerá su nombre como la primera mujer que logró un contacto cercano con un alma de la oscuridad que se sintió atrevida en un momento de su triste existencia.

Sin ningún tipo de recato, la sombra movió los brazos sobre la espalda de Paula. Ella se cimbró al notar que esas manos más que ser producto de un juego de luces eran sólidas, consistentes, manos que cubrían amplios territorios de su espalda. Paula tenía una respiración descontrolada en absoluto, estaba llegando a las fronteras del control y paseándose peligrosamente por las orillas de la locura.

Su pecho ya dejaba sentir y manifestar una tensión muy peculiar. Sus pechos estaban hinchados, excitables, el algodón que los recubría empezó a ser plácido, era tan solo unos centímetros lo que se paraba a eso pecho erguidos y cálidos de lo que debería ser el fornido pecho de esta sombra sensible.

En el nacimiento de las piernas Paula sentía que una bestia salvaje e insaciable por fin bajaba a la laguna y de manera desesperada se humedecía de los líquidos que calman cualquier ser. Esta bestia, que dormida por tantos años estuvo, de pronto reclamaba una sed terrible y que no había líquido que fuera capaz de saciar dicha desesperación. Paula juraría que por lo largo de sus piernas corrían un par de gotas de esa agua desconocida y enigmática.

El abrazo de este espectro en verdad que era intenso, apretó lo que debía, y aflojó lo suficiente. Paula notó también la respiración en su oreja. Era intensa, fuerte, como un búfalo excitado. Mayor fue su sorpresa cuando su lóbulo empezó a ser besado y recorrido por una lengua cálida, húmeda, áspera y notablemente incisiva. Supuso que era dulce. Paula trató de no peder la clama, pero estaba segura que en ningún tratado de ciencia se leía que las sombras tuvieran órganos internos.

Paula no dejó de sentir la oscuridad por el simple hecho de cerrar los ojos. El masaje de esa lengua era algo novedoso y en extremo satisfactorio como para mantener la vista atenta. Por momentos sintió que su resistencia flaqueaba y dejaba reposar su cuerpo en la sombra, asunto cuestionable, pues nada aseguraba que la solidez de esos brazos de espectro sería permanente y soportable de la masa humana.

Pero eso no la mantuvo por mucho tiempo angustiada, pues esa sombra recorrió sus brazos y sin avisar ni dar tiempo cargó a Paula y empezó a caminar. Ella quiso salir de su curiosidad y no tuvo más que asirse a lo que sería su cuello. Este, en proporción a lo que sintió en sus brazos, también era fuerte, marcado, listo para soportar el trabajo más rudo.

Paula salió caminando de su cama y llegó en brazos de una sombra. Nadie en su sano juicio tiene que creer algo así, pero no deja se ser una idea seductora. El asunto no queda ahí, la sombra no quita eso que deben ser sus manos del cuerpo de Paula, ni ella se conforma con tocar solo un cuello. Así como empezó a oler y abrazar a la mujer, la sombra ha iniciado un recorrido por el cuerpo de la inexplorada mujer.
Paula siente esas aparentes manos por todo su pecho y abdomen. Se siente bien, cálido, intenso, con suavidad pero revelando que son manos que también han experimentado en instrumentos de trabajo. No son suaves, es cierto, ¿pero a que mujer le gusta que la toquen manos más suaves que las suyas, por muy sombra que sea esta?

La sombra inspecciona, desde el lugar en que está Paula solo puede ver que la cabeza ha dejado de observarla y ahora es su cuerpo, ahora solo ve entre sus pechos a una masa de cabellos que está plantada en su vientre, es un cabello largo, ondulado y se siente maravilloso cada vez que se agita porque llama a su cuerpo a tensarse. Todo en Paula es excitación, aprieta sus piernas, sus pies están en punta, quien no sepa nada de los misterios del cuerpo diría que está luchando la ingenia mujer de no morir asfixiada.

Pero la sombra no se contiene. Paula creía estar en pleno placer cuando de pronto la respiración que sintió en su oreja y la hizo estremecerse la siente justo donde nace su selva púbica. Como una auténtica descarga eléctrica que tuvo que contener con los dientes y los labios, Paula conoció un temblor cálido con sudor frío, no encontró mayor apoyo que apretar con toda su femenina fuerza la almohada, la sábana o lo que encontrara, eso sin contar el arqueo de su espalada que solo en libros de anatomía vio.

La sombra continuó explorando cada vez más curiosas, como tratando de llegar a la causa última de lo que alguna vez conoció y trata de recordar. Su boca se abre, aspira, busca, humedece, su lengua taladra, empalma contra los labios, contra los dientes, embiste una y otra vez, ritmo que de inmediato, por instinto Paula sigue. Paula jamás había sudado. Paula jamás se había agitado. Paula jamás se había contorsionado.

Paula empezó a tomar con sus manos a esa cabeza de cabello largo y abundante, en tanto las sombras terminaba de inspeccionar el cuerpo de Paula, la conquista de sus tobillos por parte de esas manos firmes era el fin de la exploración, el fin de ese Colón que por esa noche se lanzó a la oscuridad a confirmar que el cuerpo femenino puede ser excitado.

Lo que inició con atrevimiento concluyó con un regreso sereno, calmado, son seguridad de conocer el terreno recorrido previamente. Su rostro de nuevo estuvo cerca de Paula, y fue el momento de respiro, de mirarse en la agitación que no deja ver nada y tomar aire por tan intensa expedición.

Paula empieza a tocar y definir un rostro, es curioso, pero es posible que una sombra, de tanto buscar figuras humanas empiece a mutarse en un ser humano. Eso es lo que toca, y lo encuentra placentero, agradable, también se da su tiempo para inspeccionar lo que sería su cuerpo y ya a estas alturas ni se inmuta que sienta lo que serían músculos de abdomen y un pecho que está tan firme que perecería el de un hombre normal que no pasa de los 30 años.

Paula se adentra en su investigación, lo toca todo, cuello, pecho abdomen, piernas, muslos, se ha vuelto esta investigación en un manantial de sorpresas, pero ella no se detiene, aprieta y constata que esta sombra escapa a todo promedio de conocimiento.

lunes, 24 de septiembre de 2007

A la espera de la sombra I

Paula hasta el día de hoy es una de las señoritas más nobles de este poblado que puede estar en un lugar que dentro de 150 años será llamado Mar del Plata, nombre idóneo donde la virtud y las buenas costumbres habían encontrado acomodo.
Quiso el destino y las circunstancias, pues todos sabemos lo caprichosa que es la suerte, que esa fuera una noche más oscura de lo normal, pese a que había un viento consistente no se puede decir que se tratara de una tormenta.
En la habitación de Paula hay un reloj de péndulo, que con movimiento insistente va y viene con ese tic tac eterno, hueco, insípido, pero que es el preludio para que las manecillas se reúnan, segundo a segundo, las manecillas en un perfecto y sincronizado juego de seducción se alcanzan. El minutero impaciente se acerca a la hora y ésta coqueta e inocente se aleja, asegurándose de no ser lo suficientemente rápida como para no ser alcanzada. Es un juego que se torna emocionante por 60 minutos.
Paula está sola, su única compañía es la sombra que proyectan las velas, sombras inocentes, aunque en los tiempos que se viven no se puede saber el tipo de costumbres que tienen las sombras, hay quien asegura que se divierten mucho subiendo por la paredes hasta ser partidas a la mitad por el techo, quién sabe qué placer misterioso encuentren en ello, otros aseguran que les gusta inspeccionar el cuerpo de quien descansa en la habitación que han elegido, desde luego que nadie lo puede corroborar, pero tampoco hay quien lo niegue rotundamente.
Paula ha pasado algún rato en esa su habitación, sabemos que hay viento y eso la puso en la duda si cerrar o no el ventanal. El vaivén de la flama de la vela se ha convertido en una especie de medidor de la intensidad del viento. Parece que la delgada aguja luminosa va y viene en un juego extraño de resistencia y complicidad. Pareciera que en la habitación de Paula las sombras y las velas tienen licencia para distraerse.
El cuerpo de Paula es delgado, fino, sencillo, pero muy grato a la vista, y si decimos que luce grato a la vista es lo más sencillo que se puede decir; no ha habido en estos 21 años mano que profane la porcelana de su cuello, la firmeza de sus brazos, ausentes de músculos groseros, de unas piernas que en su estado natural lucen largas, firmes, con un torneado exquisito.
Su cabello negro es largo, cae de modo muy natural sobre sus hombros, en realidad parece respirar una vez que ha soltado la rigidez del peinado que toda mujer decente tiene en este lugar. Tan siquiera pensar en la posibilidad de lucir con cabello suelto en el balcón le molesta e irrita.
De pronto su descanso intermedio se ve frenado por un ruido que no es el viento. Súbitamente los ojos sea alertan, y si las pupilas no se dilatan más es por la raquítica luz que sigue su juego con el viento. Paula se yergue sobre sí, no podemos hablar que esté asustada, simplemente es el reflejo de quien de pronto es sorprendido por un ruido en la oscuridad.
Paula piensa por un momento en la posibilidad de que una sombra errante busque un poco de cobijo en una noche así, pues también se sabe que llega un momento en que las sombras desean encontrar algún rincón oscuro que les de cabida. La gente sabe que no es muy grande o molesto el lugar que ocupa una sombra, ¿pero qué necesidad tiene una dama decente de tener que soportar a un inquilino en sus habitaciones?
Paula sabe que no es nada, pero la inteligencia femenina dice que debe defender lo propio de una dama decente y que será recordada por su prudencia cuando este lugar se llame Mar del Plata. Sin pensarlo dos veces se levanta de la cama, desde luego que del lado derecho, hacerlo del lado izquierdo es invocar a la mala suerte, y también es conocido que la superstición atrae a la desdicha.
Paula ya está levantada de su lecho, y como es una misión inmediata de inspección, no se detiene ante nada, es un arrebato de audacia permite que sus pies sean besados por la alfombra suave y lanuda que hay en su habitación.

Por unos instantes permanece parada en silencio frente a la ventana, quizás se encuentre a unos 5 metros, la habitación es amplia, como debe vivir la gente decente de estos tiempos, nada que ver con casas que en algún momento serán auténticas trampas, incluso para una sombra.
Por fin se rompe la angustia y camina un par de pasos, lentos, majestuosos, con una parcimonia digna de una reina, pero se ven frenados al escuchar de nuevo ese ruido que ahora se escucha más cerca. Paula ha tomado la vela y la ha acercado a su rostro, como si un templario acercara con mayor fiereza su espada a su pecho para lanzar una carga contra el infiel.
Su mirada es atenta a la ventana, y es justo en esos momentos en que por el lado derecho de la ventana, justo en la frontera de la cortina, se ve lo que en un momento parecía una mera ficción. Se trata de una sombra que poco a poco se ha adueñado del balcón. Sin duda que la osadía de esta sombra es inaudita, no esperó la madrugada para hacer acto de presencia.
Paula está segura que su vela encendida será suficiente para frenar a esta ánima que no sabe de modales, pero no quiere pasar por descortés, así que se queda muy quieta, fija al suelo, no avanza. Ella sabe que una sombra por más inquieta que sea no gusta de la luz, luz que arrebata definición a la sombra, que le quita seguridad, que la vuelve menos que un suspiro de amante solitario.
Unos instantes desafiantes ocurren. Cada uno de los guerreros se mantiene en su posición. La dama con su aura de luz está en el interior de la habitación, la sombra, fiel a su dogma, se esconde en las esquinas poco alumbradas.
La calma se rompe justo cuando el viento es más intenso la sombra empieza su deslizar. Sobre esto hay dos posibilidades: la sombra es impulsada por el viento, o bien, la vela he bajado su intensidad ante la autoridad del viento y esta sombra ha cobrado confianza ante la circunstancia.
La sombra ha terminado su recorrido, está junto a ella, pese a que se sabe que las sombras no tienen orden en su cuerpo porque tan solo producto de la luz contra un cuerpo, no resiste la curiosidad de voltear a lo que se pudiera considerar como su cara.

Para sorpresa de Paula, la sombra levanta lo que sería su mano y toma el candelabro de su vela. Ella ya no es ella, y en cierto sentido está empezando a conocer con mayor detalle la naturaleza de las sombras, podrá decir cualquier día con autoridad “no hay que temer por una sombra cualquiera, pero sí hay que tener respeto ante las que no se conforman con su destino y tratan de acercarse a las personas para buscar entender nuestra naturaleza”.
La sombra ha tomado el candelabro y para completar las novedades sopla sobre la flama que en un instante se desvanece, la flama ha llegado a su fin, de ella nadie se acordará y quedará la idea de que mas le valió haber disfrutado la vida, pues en el lugar en que está no puede hacer nada por remediar las cosas.

"El pacto es no enamorarse...


...la pasión, por definición, no puede durar”. Fue cuando Él se atrevió a perderle el respeto en el lago. Nadaban y volaban juntos a la misma hora, solo quedaban ellos dos después del advenimiento de su creación. Empezó como un juego de niños salpicándose agua y aventándose al lago una vez que alguno se atrevía a salir. Entonces ocurrió: la desnudó dentro del agua, pedazo a pedazo de piel, como si levantara la falda a la luna que los iluminaba en ese momento por el fiordo de la nada, casi a medianoche. Husmeó sus olores por toda la orografía de Ella, como un depredador que recién captura a su presa antes del banquete. En respuesta, Ella le correspondió lamiendo felinamente los sabores de su atlético cuerpo. Él, extasiado, le palpaba y saboreaba a lengüetazos sus naranjas duras, dulces; mordisqueó ensalibando los pezones erguidos, mientras Ella se aferraba con fuerzas a las nalgas carnosas y lampiñas de Él. Succionó con su boca el único cactus erecto en el desierto de su piel y sintió el néctar espeso, quemante, incendiando a su paso una lengua traviesa, primero, y unos labios temblorosos, después. Esa noche, se amaron frenéticamente con instinto animal. Juraron amarse al borde del peligro: sabiéndose inmersos en su precipicio amoroso, que ahora gozarían su carnalidad sin las prisas del corazón y sin tener testigos.


George Erawi (Mr. Blue)

domingo, 23 de septiembre de 2007

Poemas para el ganoso contemporáneo.



ODA LITÚRGICA PARA “LA MUJER DE ÁMBAR”.

Il tuo splendore é aperto.
E. Montale.

Como hecha de ámbar
giras sobre la tierra.

No sé hasta dónde
pueda llegar
esta ansia de buscarte,
esta cansada desesperación
aacida de tu huida.

Hoy fue una noche grave,
anunciadora de la muerte,
la que me obligo a asirme
de tu imagen huyendo.

Mañana, el día con el sol
hará que no te piense
y, sin embargo, estarás ahí,
oculta entre las cortinas
y tu cuerpo de ámbar,
tu gran coño frutal,
tus oscilantes uñas,
tus labios inventores,
tu carne de mujer mujer,
tu entrega entera,
tu manera de apoderarte
de los momentos,
tu forma de coger y ser cogida,
tu certeza de vida en la mañana,
tu inocente, santa, bendita,
sacrosanta, litúrgica, teológica,
óptica, acústica,
olfativa, gustativa fornicación,
levantará las sábanas
abrirá las ventanas,
bendecirá la carne,
entronizará el gozo
y santificará la noche humana.


POEMA DE: HUGO GUTIÉRREZ VEGA. En: Material de lectura 91, Coordinación de Difusión Cultural/UNAM, México, 1998.



Perlas en los pechos de Lucía
desnuda ante el espejo.
Ruedan las perlas
por el mármol. Se agacha
a recogerlas. Nalgas.
Esfínter. Rizos negros.
El aire abre la puerta
y yo la cierro.

Y que seas
crecer en mí
como crece el deseo
en la ausencia
de lo que nunca llega
a realizarse.
Los pezones
en la boca del ciego,
tu sexo en las ortigas
de la memoria
que ilumina el placer
y lo derrama.


POEMAS DE: Juan Antonio Masoliver Ródenas. En: La memoria sin tregua, El ACANTILADO, Barcelona, 2002.







jueves, 20 de septiembre de 2007

Pasión

(Pintura cortesía de Luis Eduardo Aute)

Estoy enloqueciendo por no tenerte,
Mi pasión no puede seguir atada,
Quiero mojar mis deseos al amarte,
No soporto la ausencia de tu carne vetada.

Mi amor es profanar toda abstinencia,
Mi locura es la insoportable incontinencia,
De no derramarme en tu cuerpo ungido,
De mi semen, también deseoso de quejido.

Me inspiras, me excitas y me dan ganas
Recorrerte palmo a palmo, sin urgencia,
Mientras manipulas mi pene con ansias,
Imagina mis dedos en tu clítoris con recurrencia.

ESTA ES TODA MI QUERENCIA POR TI

Para liflo4

Georges Erawi (Mr. Blue)